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Escuchando al presidente Gustavo Petro sobre la visión que tiene para reformar a la Policía Nacional es claro el talante democrático del presidente. Pensar en que un patrullero pueda ser general es un oprobio en la actualidad; los muros que existen en la carrera de ascenso en las Fuerzas Militares en Colombia imposibilitan que los rasos, puedan llegar a los altos cargos; la falta de educación en los miembros de las filas limita las posibilidades que tienen cuando salen de la fuerza.

Hoy un patrullero, al finalizar sus servicios,  sale de la fuerza con una pensión pírrica que no le permite vivir con dignidad, pero al mismo tiempo este patrullero no se puede insertar en el mercado laboral porque no tiene ninguna formación académica. 

Se debe permitir que todas y todos los miembros de la fuerza tengan la posibilidad de acceder a la educación superior, se deben abrir las puertas de la universidad pública a los miembros de la Fuerzas Militares. Debemos entender que una vez concluido el servicio se necesita de esos hombres y mujeres para aportar a la sociedad desde otras esferas.

Es triste ver hoy a muchos miembros de la fuerza pública, inmersos en bandas criminales, crimen organizado y delincuencia común; además de verlos vulnerando los derechos humanos. Se pueden hacer muchos análisis y encontrar mil respuestas ante estas situaciones, pero lo que no podemos negar es la falta de visión y de educación superior en los miembros de la fuerza y al mismo tiempo la falta de preparación en temas de derechos humanos. 

Cambiar la manera de relacionarse con el ciudadano de a pie, es una responsabilidad de las Fuerzas Militares en aras de construir una nueva manera de entender la seguridad. Necesitamos combatir las bandas criminales, las guerrillas y la delincuencia común, pero entendiendo que la población civil también es víctima de estos azotes. 

Los miembros de la policía están llamados a entender que el lema de la fuerza pública es servir y proteger, o sea brindar un asertivo cuidado a la ciudadanía sin importar su origen social, étnico o religioso. Una nueva fuerza policial es posible y necesaria, que el policía tenga mejores condiciones de vida es una obligación, mejorar la relación con el ciudadano debe ser la meta. Es hora de rescatar la honra de la fuerza pública y que los niños vuelvan a soñar con ser militar o policía.

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